28.2.12



Podríamos recolectar vidas así como se recolectan piedras o monedas, en el tratar y el servir, para volvernos cada día mas amargamente una colección invierno-verano, verano-invierno de poses y sombras, todo efímero e impuntual, casi rozando con lo irónico y aun así terminando en nada accidentado.
Lo nuestro ahí esta, y sobrepasa la improntitud de la potencial casualidad, todos somos minuto y segundo, lineas del tiempo sin números y aun así nos pensamos ser eternos cuando comenzamos a caminar bajo cien miradas eternas pero que acaban así como el pensamiento, en nada accidentado.

"Cuando la música acabe apaga las luces", y toda sensación sera como un freno de mano (a la mano).
Si con nuestras poses pretendemos y con el movimiento conmovemos por que no posar caminando, porque no tomarle una foto al tiempo, accidentarlo y conmoverlo?. Volverlo a accidentar, una y otra vez descaradamente hasta partirlo y seccionarlo. Seria bueno, antes de pensar en ser fotógrafo, corroer el espíritu del destazo de cuerpos hasta nuestro ojo.
Nada tiene un valor absoluto, menos la absolutez, y el hablar de nosotros como nosotros, tiene su dicha, al igual que su engaño. Quien quita, y tras este escrito, se conmueva el espíritu sádico... pensar que la cámara pueda ser un cuchillo de un carnicero destaza cerdos... nadie quita y nadie pone, el fotógrafo no tiene la menor responsabilidad de sus actos y se encuentra con un mundo de papel.
Ya ni carne, ni efímero. La vida pasa intrascendente por la cámara, sus naturalezas son semejantes por la inexactitud de su existencia, por eso es que la cámara provoca muerte, vida, y demás parafernalia en el tiempo. La breve antísona del fotógrafo-asesino se vuelve así música para los oídos, y poesía para los sordos, que no confían ya en nada de lo anterior escrito, aludiendo a la parafernalia excesiva de la provocación de una cámara. Si el fotógrafo es inocencia, la fotografía no lo es, incluso es ajena al fotógrafo, y ese desconocimiento basta para tener un lugar en el mundo. En si, la fotografía es vasta con y sin mundo.

La vida de la fotografía habla mas de lo que debe, escucha mas de lo que podría escuchar, es vista mas de lo que se debería ver.
Contextualizar la imagen en la nada es erradicar incluso sensaciones y por supuesto humanidad. El problema de la contextualizacion es que la imagen es momento y es presente, se irradia solo por ella y para ella misma, existe y no se valora su existencia, sino hasta que se contextualiza. Para que valorarle, si la imagen no pretende ser absoluta?
Crear valores a partir de una contextualizacion desde la nada, es desaparecer la imagen
Quedamos en solo la necesidad vana, la critica existencia de la vida y la cámara, y la pertenencia e impertinencia de la fotografía. Signos del alma paciente e impaciente de la época (y sus alrededores).






10.2.12

09.02.12


















la ciudad en sus quehaceres contamina,

ella lo sabe...
y no le importa,



le tendría que importar?



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